Yo ya no me dedico a eso (notas para un cuento sin babas de diablo)

Si una mujer comparte mi amor
mi verso rozará la décima esfera de los cielos concéntricos;
si una mujer desdeña mi amor
haré de mi tristeza una música,
un alto río que siga resonando en el tiempo.
Viviré de olvidarme.

Dice Jorge Luis Borges, en el poema Browning resuelve ser poeta.

Yo ya no me dedico a eso. Ahora sólo escribo cuando mis tripas se remueven recordando. Ahora, en lugar de vivir de olvidarme, permanezco firme y rígido en el recuerdo. ¿O no era yo el que dijo estar cansado de borrar tus nombres?

Mis memorias

Esas cosas pudieron no haber sido.
Casi no fueron. Las imaginamos
En un fatal ayer inevitable.
No hay otro tiempo que el ahora, este ápice
Del ya será y del fue, de aquel instante
En que la gota cae en la clepsidra.
El ilusorio ayer es un recinto
De figuras inmóviles de cera
O de reminiscencias literarias
Que el tiempo irá perdiendo en sus espejos.

  --Jorge Luis Borges, El pasado

La memoria, aunque a veces es selectiva, tiene siempre una capacidad brutal para hacer brotar recuerdos emocionales, solos o con magdalenas, al menor estímulo. Una mirada particular de esa chica, un gorrión haciendo equilibrios en el respaldo de una silla de terraza. El sonido de aquella canción justo cuando pasa un niño vestido de amarillo, o una ráfaga de olor a curry al doblar la esquina. O la diferencia entre el olor de la plaza Mayor y el de la plaza de Oriente una noche cualquiera de julio...

¿Será quizá esa memoria lo que tiende a anclarnos en los momentos emocionalmente intensos? Momentos que, por supuesto, son siempre parte pasado, donde quedaron archivados para siempre... aunque Borges lo niega, para él el pasado es siempre invención literaria.

Una memoria excesiva no permite disfrutar del presente: siempre nos interrumpe con sus saltos al pasado, en forma de recuerdos. Anécdotas, advertencias de peligro o simplemente recuerdos placenteros o dolorosos.

¡Qué difícil de ignorar, la publicidad institucional de nuestro ego!

Memojo